10 razones para leer literatura infantil y juvenil aunque ya peines canas

A veces me preguntan por mis razones para leer literatura infantil y juvenil aunque ya tengo canas incluso en sitios muy recónditos. Qué demonios, a veces yo mismo me lo pregunto, o al menos solía preguntármelo.

Es curioso, pero creo que leo ahora más literatura infantil y juvenil que cuando era joven.

La literatura infantil y juvenil tiene el estigma de ser literatura de menor calidad que la literatura “para adultos” (sea lo que sea lo que esto signifique). Por eso muchos adultos que la leen lo hacen en secreto, como cantar en la ducha o sacarse los mocos, porque lo consideran una actividad reprobable. Y es que la lectura siempre ha tenido mucho de eso que ahora se llama postureo.

A mí no me importa reconocerlo. Y si alguien se pone muy pesado pidiendo explicaciones, tengo estas diez razones para leer literatura infantil y juvenil para tratar de hacerle comprender este pequeño e inofensivo vicio.

1. Porque soy un inmaduro

Para que nos entendamos, estos tipos son muy maduros:

Razones para leer infantil y juvenil
Imagen de La Moncloa [CC BY-NC-ND 2.0] vía Flickr
Y estos son inmaduros:

Razones para leer infantil y juvenil
By The Conmunity – Pop Culture Geek from Los Angeles, CA, USA [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons
Si tengo que elegir con quien pasar la tarde, yo lo tengo claro. ¿Y tú?

Ser inmaduro tiene mala prensa. Se menosprecia a la generación millennial porque siguen esperando la carta de Hogwarts. Los hombres grises de Momo ya advertían a la gente que debían invertir su tiempo solo en hacer cosas productivas y serias.

Pues qué quieres que te diga: para que se me ponga la cara de los tíos de la primera foto, prefiero seguir siendo un inmaduro hasta cumplir los ochenta, por lo menos. Ya maduraré entonces. O no.

2. Por nostalgia

La nostalgia es ese alucinógeno que nos hace creer que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es, por supuesto, una chorrada inmutable que los humanos hemos creído desde que tenemos memoria, una enfermedad mental que nos asalta, generalmente, al rebasar eso que llaman “mediana edad”.

Entonces sucede que nos parece que el mundo cambia demasiado deprisa, y siempre a peor, y encontramos refugio en el pasado y lo defendemos como si fuera el último mendrugo de pan salvado del diluvio. Y esa sensación, aunque sepamos que es un espejismo creado por nuestro cerebro (¿no lo son todas?), reconforta.

3. Porque me gusta evadirme de la realidad

El calificativo “de evasión” agregado a cualquier forma de arte parece quitarle valor al mismo, como si huir por un rato de nosotros fuera una flaqueza. Esta idea siempre me ha parecido de una imbecilidad tan evidente que me maravilla que perdure a lo largo del tiempo.

Personalmente, me encanta sumergirme en un libro que me transporte de forma instantánea a otra realidad diferente, y eso lo logran mejor que nadie los libros infantiles y juveniles, que no necesitan pretextos para convencer a la mente cuadriculada del adulto de que el viaje al mundo onírico está justificado.

Lo reconozco: me encanta evadirme de la realidad. Y a mucha honra. 

4. Para compatir lecturas con mis hijas

En este mundo que nos hemos construido entre todos queda poco espacio para compartir con los más cercanos. Entre escuelas, trabajos, extraescolares, deberes y demás obligaciones de la vida moderna, pasamos más tiempo en el coche yendo de un lado a otro como insectos histéricos que sentándonos en el suelo haciendo cosas juntos. Y eso que todos sabemos que, al final del camino, serán los ratos tirados en el suelo jugando a indios y vaqueros los que contarán.

Leer juntos es una de esas cosas sencillas, baratas e invaluables que todavía podemos hacer sin pedir permiso ni organizar una expedición militar. Y dialogar acerca de los libros compartidos es uno de los grandes placeres de esta afición. Como parece poco apropiado que los niños lean a Faulkner o a Joyce, lo lógico es que seamos los adultos los que leamos a Ende o a Tolkien si queremos disfrutar de esta camaradería literaria.

5. Porque busco lecturas sencillas y ágiles

A veces me apetece enfrascarme en uno de esos libros laberínticos que oradan la cabeza como una tuneladora del metro. Y a veces me apatece todo lo contrario. Soy así de contradictorio. Como la mayoría de la gente, supongo. Y la literatura infantil y juvenil es como un caramelo sin envoltorio: te lo zampas directamente. Así de simple.

6. Porque la LIJ alimenta al niño que aún sobrevive aquí dentro

Puede que esto te suene a cursilada new age. Si es así, supongo que no servirá de nada recordarte aquel aforismo de Rilke, “la verdadera patria de un hombre en su infancia”. Si no crees que esto es así, acéptame un consejo: no leas literatura infantil y juvenil. Nunca la entenderías.

7. Porque no me importa lo que piensen los demás

Y punto.

8. Porque soy muy abierto de mente

Tanto que jamás digo que no a un libro por su género, su temática o su portada. No tengo líneas rojas. Así he descubierto muchas pequeñas joyas escondidas entre los escombros (eso sí, a partir de la página veinte, el libro desaparece de mi vida para siempre si no ha logrado convencerme). A veces, lo único que previene a muchos adultos contra la LIJ son los prejuicios.

9. Porque quiero ayudar a mis hijas a elegir lecturas

Ayudar, no imponer. Ayudar a distinguir literatura de didáctica, de mercadotecnia y de juguetes de usar y tirar con aspecto de libros.

Me encantó una frase de mi hija a propósito de un libro de Gemma Lienas y La tribu de Camelot que se había desencuadernado de tanto leerlo. Ante el disgusto de su hermana pequeña, dijo: “Es lo mejor que le puede pasar a un libro”. Aquel día supe que ya había descubierto uno de los secretos del universo.

10. Porque ya no contamos historias alrededor de la hoguera.

Y la lectura compartida es el sustituto natural de esta tradición milenaria que, en muchos sentidos, nos ha definido como humanos.

Decía Eduardo Galeano: “El adulto es mudo con relación al niño. Y es mudo porque es sordo. Entonces, como es incapaz de escucharlo, es incapaz de decirle”. Yo no quiero ser mudo, y por eso intento no ser sordo, y por eso trato de escuchar todo lo que tienen que decirme, también a través de las historias de los libros.

Y tú, ¿cuáles son tus razones para leer literatura infantil y juvenil?

Cuéntanoslo en los comentarios y lo hablamos.

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