Zona libre de redes sociales

No me encontrarás en Facebook, Twitter, Instagram ni niguna otra red social. Esto es un suicidio profesional, me dicen otros escritores. Y puede que tengan razón. Pero yo también tengo mis razones.

No soy tecnófobo. Al contrario. Pero creo que hay aros por los que no debemos pasar. Líneas rojas que no deben cruzarse. Y basta de clichés. Las nuevas tecnologías no son beneficiosas por el hecho de serlo. Si inventan un artilugio que produce la felicidad absoluta a cambio de trepanarme el cerebro y absorber todo mi tiempo, no lo quiero, gracias.

Y las redes ni siquiera producen felicidad.

Ya sé que esto es el siglo XXI y que, si no estás en las redes, no estás en ningún sitio. Y hablo con conocimiento de causa. Yo también estuve en Facebook, en Twitter, en Instagram, y las usé compulsivamente durante no sé cuánto tiempo. También las llevaba en el móvil y las consultaba mientras caminaba por la acera, en la cola del supermercado, en la parada del autobús.

Y no. No quiero. Me niego. Es un gesto de insumisión ridículo, vale, pero es el mío, y ahí está. ¿Quieres razones? Tengo muchas y de varios los colores. Veamos como ejemplo el caso de Facebook que, al parecer, sigue siendo la red más usada en todo el mundo:

  • Facebook es una pérdida de tiempo. Por cada publicación interesante que puedes encontrar en Facebook, hay noventa y nueve que son estupideces. Nunca tolerarías que te mostrasen las soporíferas fotos de esa cena navideña en la vida real. Ese tiempo perdido no volverá.
  • Facebook engancha. Engancha mucho. Aunque solo leas estupideces, te quedas allí leyendo y dándole a “me gusta” y siguiendo enlaces chorras. Está diseñado para ser adictivo, para atraparte durante horas, y es una obra maestra en ese sentido.
  • Facebook no es gratis. No lo pagas con tu dinero, sino con tu privacidad, que no tiene precio.
  • No te puedes fiar de Facebook. Cambian las políticas de uso cuando les sale de las narices. Experimentan con los usuarios sin su consentimiento. Su diseño es una estudiada combinación de simplicidad y confusión para imposibilitar al usuario medio hacerse cargo de estos cambios.
  • Facebook representa una especie de esclavitud moderna y autoimpuesta no solo para los usuarios finales, sino también para empresas, autónomos y todo tipo de gente que quiere tener presencia en internet. Y contra esto también presento mi modesta e inútil protesta.

¿Y las demás? ¿Qué pasa con Twitter, Instagram, Linkedln, Pinterest? Bueno, lo del pajarito azul tuvo su gracia durante un tiempo, pero, ¿quién puede soportar ese torrente imparable de improperios? Otras redes, que podían ser atractivas a priori, se han convertido en lodazales que mercadean con nuestra privacidad sin disimulo, en obscenos escaparates del ego o en vertederos de las peores inmundicias.

Y, sobre todas las cosas, está el ruido. Ese ruido infernal que se produce en las redes y se alimenta a sí mismo y te acaba haciendo suyo y consumiendo. Nunca recibí más información y nunca estuve más desinformado que durante el tiempo que estuve atrapado en las redes sociales. Creo que lo llaman infoxicación, y la alegre muchachada de gente como Donald Trump la maneja estupendamente. Nunca más, gracias. 

Para mí, ha llegado el momento de decir basta. Será que soy un antiguo, o a lo mejor un postmoderno. Envíame un tweet con el hashtag #capullo y ya lo compartiré en mi muro, ¿de acuerdo?